sábado, 6 de junio de 2009

LA CASA DE BERNARDA ALBA


Entre otras:

http://www.youtube.com/watch?v=DsI8vFFDKeY&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=bsYRvrWWtRM&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=vVFra91-Zuc

http://www.youtube.com/watch?v=rEptpBIvs-A&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=CI0BLxdktYo&feature=related

jueves, 21 de mayo de 2009

FEDERICO

http://www.garcia-lorca.org/Home/Idioma.aspx





http://es.youtube.com/watch?v=jJUZCU6W1uI&feature=related

martes, 14 de abril de 2009

ROMA, CITTÁ ETERNA








Fotos que nos envía JAIME PUIG

sábado, 28 de marzo de 2009

lunes, 16 de marzo de 2009

El relato


Me desperté; o mejor, me despertó mi hermana, sudando y desconcertada. No sabía adónde estaba. Sentía aún la presión de las uñas sobre mi cuello, el peso de su cuerpo sobre mi cintura.
Me agarré, como a una tabla en mi naufragio, a Clara, que seguía diciéndome: Tranquila, que ha sido sólo un sueño, una pesadlla. Pero no era suficiente, me sabía despierta, pero no dejaba de percibir incluso un cierto hedor a mi alrededor.
¿Qué me está pasando?
Nada, nada estás bien, estás conmigo, estás a mi lado, estás en casa. No pasa nada.
Sobre la cortina crema de la ventana había una sombra. Grité: ¿La ves?
Mi hermana, muy tranquila, me repitió ¿Qué?¿qué? Giró la cabeza…Y saltó despavorida al comprobar que yo llevaba razón.
Rápidamente, nos acercamos a la ventana y solo era la rama de un árbol. A la mañana siguiente, me levanté, tomé el desayuno y partimos a ver a la tía Sandra. Sandra era hermana de mi madre, ella vivía en un pueblo de Huelva, llamado El Castaño, situado en una zona preciosa cerca de un riachuelo, según decía mamá. Yo nunca había conocido a la tía Sandra, ni el pueblo donde vivía, de hecho no conocía a la familia por parte de mi madre, y tenía curiosidad desde que era pequeña por saber cómo era el ambiente en el que vivían.
Llegamos al Castaño, yo estaba dormida en el momento que entramos pues la noche pasada dormí casi 4 horas. Mi hermana me despertó:
-¡Virginia!¡Virginia!,¡despierta! ya estamos aquí.
-Voy, dije con voz de cansada y sin ganas de despertarme.
-Por fin conoceremos a la tía Sandra!
Me desperté. El ambiente de aquel pueblo me fascinaba, estaba lleno de naturaleza, de bienestar. Al respirar se notaba que el aire era puro y limpio.
Las calles estaban hechas de piedras de color oscuro. Las casas solían ser blancas y no muy grandes. En el centro del pueblo había una pequeña placita donde aparcamos el coche, de ahí fuimos andando hasta la casa de la tía Sandra.
De camino a la casa empezó a chispear, y conforme pasaban los minutos llovía cada vez más. No teníamos paraguas ni nada con que cubrirnos, así que intentamos ir a paso ligero.
Finalmente llegamos. Empapados de agua pero llegamos. Al mirar la casa me di cuenta de que era la casa con la que había soñado la noche anterior, no podía creerlo pero es como si estuviera viviendo lo que soñé.

Llamamos a la puerta y la tía Sandra nos recibió efusivamente, a pesar de que ella tampoco nos conocía a nosotras. Nos invitó a pasar y nos condujo a nuestra habitación, donde había colocado unas toallas para que nos secáramos.
Bajamos la escalera y nos dispusimos alrededor de la lumbre a escuchar las viejas historias de tía Sandra.
Mientras ella relataba con todo lujo de detalles lo que había sido una vida llena de momentos felices me detuve en todos y cada uno de los detalles que en la estancia se encontraban. Me llamaron mucho la atención todos los marcos con fotografías antiguas dispuestos perfectamente sobre la chimenea. Al igual que la tía esos cuadros reflejaban toda una vida a simple vista inolvidable.
Sin embargo, tía Sandra tenía un halo de misterio que la rodeaba. Hacía tiempo que había dejado de escucharla, pero observaba como miraba a mi hermana, la cual si seguía su relato. La mirada de Sandra era la propia de una persona con gran experiencia, sin embargo se intuía en ella un poco de severidad, rectitud e incluso un poco de maldad. Pese a todo la tía demostraba todo lo contrario en su forma de hablar y sus gestos.
Así pasó toda la tarde hasta el momento en que nos retiramos a nuestra habitación a descansar.
-Por favor niñas, os ruego que no utilicéis el desván de la casa, está muy desordenado y hace tiempo que no lo limpiamos. Hay cosas rotas y podéis haceros daño.
-Aquella misma noche con las sombras como confidentes Virginia se llenó de valor y accedió al desván. Luchó contra el miedo mientras subía las escaleras y entreabrió la puerta...
No se veía nada, así que empecé a buscar algún interruptor pero sólo encontré polvo a mi alrededor.
Seguí adentrándome en el desván y noté que pisaba algo viscoso y pegajoso.
Según fui adentrándome en el desván atisbé una luz blanca en el suelo. Busqué con la mirada de dónde provenía y vi que había un agujero en el techo. El agujero era lo suficiente mente grande como para que una pelota de baloncesto pasara por él sin dificultad alguna pero... había algo raro ya que no era un agujero casi redondo, solo con unas pequeñas irregularidades en su contorno apenas perceptibles.
Después de observar durante un rato el agujero, fui adentrándome más en el desván, al fin y al cabo era solo un agujero.
Mientras andaba, pisé algo que se partió haciendo un ruido parecido al quebrar de una rama y noté como algo caliente iba apoderándose poco a poco de mi pie. Aterrada, fui donde el agujero para ver qué es lo que tenía. Vi que era sangre, cosa que me pareció bastante rara ya que yo no sentía dolor alguno en el pie. Arranqué un pequeño trozo de tela del camisón que tenía como pijama para limpiar la sangre y vi que mi pie estaba limpio de heridas.
Busqué de dónde provenía la sangre, y empecé a sentir miedo de verdad, al fin y al cabo había sido una estupidez meterme donde no me llaman, pero el sueño... El sueño era demasiado real como para ignorarlo. Me asomé a lo que yo había pisado, y vi la sangre, pero no pude soportarlo, y salí de allí lo más rápido que pude. Una vez hube cerrado la puerta del desván, respiré hondo y agradecí el ambiente acogedor de la casa. Oí movimientos, pasos de gente que circulaban por la casa, y temí ser descubierta. Corrí al baño. Notaba mi pulso acelerado al igual que la respiración, y el olor de la sangre hizo que sintiera náuseas. Me limpié el pie, por suerte la ropa no estaba sucia. Solo entonces empecé a ser consciente realmente de lo que me acababa de ocurrir. Me obligué a pensar y actuar de forma racional: tenía dos opciones. Bien podía volver al desván a comprobar qué pisé, y tranquilizarme al ver que seguramente no sería nada, o bien podía hablar con los adultos. La primera. Me disponía a regresar, cuando oí a la tía Sandra, que nos llamaba a comer.
Seguí sigilosamente el camino que conducía hacia la cocina, ya fuera por el miedo, la adrenalina o la educación, iba tranquilamente con pasos suaves hasta el recibidor. Tropecé varias veces por la oscuridad con objetos que seguramente había dejado la tía Sandra por el suelo, eran objetos extraños, parecían como membranas y hasta esqueletos, alguna que otra dentadura postiza, juguetes usados e incluso herramientas oxidadas tirados y desparramados por el suelo. Salí del desván con paso firme pero lento. Sentí una presencia cercana a mí, supuse que era uno de los gatos de la tía que se había escapado, pero rápidamente comprendí que no era un minino,sino alguien al menos con un cuerpo tan grande como el de un humano. Su sombra se proyectaba en la pared ampliada por la luna. Giré la cabeza y...
-¡AH!Eres tú, que susto me has dado.
Clara iba también a comer a la cocina; había oído a tía Sandra. Llegamos juntas al comedor donde la tía nos esperaba con su forzada sonrisa.
-Hijas, ¿por qué habéis tardado tanto? la sopa se va a enfriar, anda,venid y sentaros- dijo con su agria voz-,que os voy a apartar el caldo.
Nos sentamos sin rechistar en las sillas de brea talladas a mano por el propio tío Severiano, que flanqueaba la entrada a la casa en un inmenso tapiz cosido con agujas con el más fino estilo. De repente, a Clara se le cayó el plato, y la tía fue a traerle un paño húmedo. Aproveché para salir corriendo hacia el desván, pero a la mitad de camino uno de los gatos me cerraba el camino con un aspecto amenazante que sugería que me largase.
Lo salté convencida y seguí corriendo, pero me persiguió, y a él se le unieron todos los demás de la casa. Justo me iban a dar alcance cuando llegué al desván, entré y cerré la trampilla de un golpe.
Todo estaba oscuro, pero, por suerte, al lado del agujero del techo encontré una linterna, pero sin pilas. Vi un reloj de cuco que todavía funcionaba y me acerqué a él. Le retiré las pilas y se las puse a la linterna.
Cuál fue mi sorpresa cuando el reloj, con las pilas recién quitadas, dio las doce de la noche. Empecé a asustarme cuando la luz de la claraboya desapareció por esacio de unos segundos; y mi miedo rozó el pánico cuando la sombra se coló en el desván. Intenté alumbrarla con la linterna pero, inexplicablemente, la luz no atravesaba la oscuridad a su alrededor. Presa del pánico fui a la trampilla del desván y la intenté abrir, pero no se movía.
Estaba sola, encerrada con una criatura idéntica a la de mi sueño, y a la que ni siquiera podía ver.

De repente todos mis miedos se aliaron al oler un húmedo hedor a rancio que parecía salir de una boca putrefacta y desaliñada. Un rayo de luna marcó su silueta. Nunca antes en mi vida había visto algo tan horrible, era una criatura desmesurada y sin apenas algún rasgo humano, con más de dos metros de altura y no solo una cabeza, sino dos que rugían y me sacaban sus colmillos en un intento de despiezarme. Parecían como tener cara felina, pero mucho más deteriorada que la de un gato, con rozaduras y algunos trozos de piel parecían pegados artificialmente. El torso lo tenía desnudo como cuando a un animal se le cae el pelo, y sus piernas enclenques pero poderosas terminaban en unas garras manchadas de sangre que no tenían nada que envidiar a las de un oso pardo. El pánico se apoderó de mi y salí corriendo en dirección contraria sin ver nada, hasta tropezar y quedarme suspendida en el aire con las piernas colgando, había caído justo en el agujero del desván, y el monstruo venía a por mí. Intenté forcejear y las astillas de madera del suelo se rompieron hasta que caí de espaldas con un fuerte golpe seco, que retumbó en toda la casa. Yo corrí como pude, con el brazo roto o muy lastimado tras la caída,hasta llegar a la cocina, tardé como un minuto, lo que tenía la casa grande y laberíntica de tía Sandra, y cuando la vi, estaba acariciando a uno de los gatos y me preguntó:
-¿Qué ha sido ese ruido, hija? ¿Por qué vienes corriendo?
Me desconcertó su tranquilidad, pero sobre todo el color del gato, era el mismo que el de la criatura.
-¡Tía, me perseguía el mismísimo demonio, una criatura inhumana, tenemos que protegernos rápido!
Ella me respondió con frialdad y serenidad:
-Cariño, acuéstate ya que es muy tarde, te habrás quedado dormida y será una pesadilla.
-¡Pero tía, es cierto, no estoy mintiendo estaba en el desván!
-¡En el desván! ¡Serás insolente, muchacha, te dije que no entraras, ahora mismo estás haciendo las maletas, no te quiero ver más en esta casa, desvergonzada!

domingo, 15 de marzo de 2009

Viento de marzo
sostiene el relámpago
por si se cae